Creciendo en el Camino

El Calafate, Tierra de glaciares

Cuando mis papás decidieron ir por este sueño, lo primero que hicieron fue buscar y entrar a distintas páginas de gente que había ido hasta Alaska. Fueron varias las experiencias que leyeron. Pero nunca se imaginaron lo que el destino nos tenía preparado para nuestro paso por el Calafate.

La distancia que separa las Torres del Paine de la ciudad del El Calafate son 335 km de asfalto pasando por Esperanza. Hay un camino más corto pero no es aconsejable por el estado en el que se encuentra y  hay que tener en cuenta en el tiempo del trayecto que hay que cruzar una frontera. En nuestro caso lo hicimos por el Paso fronterizo Guillermo, si bien el camino en parte es de tierra nos habían dicho que era el más rápido, cosa que no fue así. Estuvimos más de tres horas para poder cruzar. El lado chileno sí fue muy rápido, pero nada que ver con el correspondiente argentino. Había solamente una persona para atender el trámite de migraciones de entrada al país y también sólo una para el egreso.  Lo que se refiere al trámite del vehículo era más complicado y lento aun. La única persona que estaba, hacía tanto la entrada como la salida al país, pero eso no era todo, porque también estaba encargado de revisar los autos. Y todo esto en un recinto muy chiquito, todos apretados como sardinas y con un calor insoportable.

Cuando por fin llego nuestro turno, hicimos el primer trámite sin problemas, pero no podemos decir lo mismo del trámite vehicular. La persona encargada nos pidió una declaración jurada que se hace cuando uno lleva fuera del país cosas de valor, pero como nosotros no habíamos declarado nada porque no llevábamos nada fuera de lo ya estipulado por la ley, papá dijo que no lo habíamos hecho. Por ejemplo se debe declarar cuando uno lleva más de un celular por persona o  más de una cámara fotográfica y una de video. El señor nos pidió entonces las facturas de todas las cosas de valor que hayamos compramos en Chile, pero como tampoco habíamos comprado nada papá volvió a dar la misma respuesta.

El señor un poco exaltado nos dijo “Ya vamos a ver”.  Fue hasta la camioneta y nos pidió abrir la puerta trasera que da al baúl, hasta acá todo normal. Como no disponemos de un gran espacio tenemos todo muy ordenado para aprovechar cada lugar al máximo. Este señor empezó a sacar las cosas del baúl a los tirones y a tirarlas al piso de muy mala manera. En este punto la cara de furia de papá era indescriptible, creo que era porque iba a tener que volver a ordenar, cosa que no le agrada mucho. Pero lo paro en seco, aguantándose el enojo, ya que venía de 3 horas de hacer cola, y le pidió que por favor que no tocara más nada, que el sacaba todo lo necesario. Nos hizo sacar casi el total de las cosas de toda la camioneta, nos tuvo más de media hora, no encontró nada de lo que pensaba y de golpe se dio media vuelta diciendo solamente “Ok, listo, pueden seguir”.

A esta altura la gente que estaba adentro esperando lo quería matar. Nosotros estamos totalmente de acuerdo con que te revisen pero ¿Porque te tienen que maltratar las cosas y tirártelas al piso como si nada?  Como verán, no todo es color de rosas.

Luego de nuestra primera mala experiencia en una frontera volvíamos nuevamente a nuestro país y pisábamos por primera vez la tan esperada y famosa RUTA 40.

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Llegamos a la 40

El paisaje cambio drásticamente, nuevamente reinaba el desierto  y los arbustos achaparrados. Unos kilómetros antes de llegar a la ciudad, nos pasó una camionera tocando bocina y haciendo varias señales. Mamá recodaba haberla visto en algún lado pero en ese momento no supimos dónde.

Entramos a una ciudad muy prolija y ordenada. Nos llamó la atención la cantidad de extranjeros que había. A la tardecita es difícil cruzarte con alguien que hable tú mismo idioma en tu propio país y no solamente eso, sino que también hay varios comercios que tienen toda su cartelería solamente en inglés.

Luego de una primera muy linda noche en la costanera, nos paró una persona y nos preguntó dónde estábamos parando e inmediatamente nos invitó a su casa, atónitos nos quedamos mirándolo sin entender nada. Él era Daniel y no solo resulto ser la persona que nos había tocado bocina con su camioneta el día anterior en la ruta sino que también junto a su esposa Laura y sus hijos Joaqui, More y Facu habían realizado unos años antes su sueño de viajar hasta Alaska y su página USHUAIAALASKA fue la primera experiencia que nosotros habíamos leído entera cuando tomamos la decisión.

Nosotros no sabíamos que vivían en la ciudad de El Calafate pero la magia del camino hizo que nos cruzáramos. Ya a esta altura sabemos que no es por casualidad.

Estas grandes personas nos abrieron las puertas de su casa, nos presentaron a su familia, nos mimaron, nos prestaron luz para hacer bolsos y nos ayudaron muchísimo con la venta, nos compartieron toda su experiencia de viaje y nos dieron miles de consejos. Nos hicieron una hermosa recorrida por su Hosteria Boutique, se llama Madre Tierra,  y la  recomendamos totalmente no solo por su confort e instalaciones, sino por la atención personal que realizan ellos mismos. Pueden ver su página acá.

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Hosteria Boutique Madre Tierra

Pasamos una hermosa semana que no olvidaremos jamás. Nos llevamos unos muy lindos amigos que pronto vamos a volver a encontrar.

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Grandes Amigos

Obviamente en este lugar no pudimos dejar de visitar una de las más grandes maravillas de la naturaleza. El glaciar Perito Moreno. Queda a unos 80 kilómetros de la ciudad de El Calafate. El camino es casi todo sinuoso y muy pintoresco. La entrada nos salió 160 pesos por persona y para extranjeros el costo es de 260 pesos.

Nuestro primer encuentro con el glaciar fue desde el Mirador de los suspiros.

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Mirador de los Suspiros

Ni bien llegamos al estacionamiento que accede a la pasarela teníamos dos opciones para recorrerla. La primera y más utilizada es subirse a un colectivo que es gratis e ir hasta la playa de estacionamiento superior y recorrer el camino en bajada o subir directamente este mismo camino a pie y luego volver en el cole.

Dani nos había recomendado que tomemos la segunda opción, si bien es mayor el esfuerzo físico, de esta forma mientras vas caminando ves siempre el glaciar de frente y podes apreciar todos los desprendimientos que se produzcan.

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Tal fue nuestra admiración por la inmensa magnitud del hielo que la hora se pasó volando. Empezamos a caminar a las 10 de la mañana y volvimos recién a las 7 de la tarde. Pudimos ver un sinfín de desprendimientos.

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El gran Perito Moreno

Luego volvimos a la ruta e hicimos un breve paseo por punta bandera.

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Punta Bandera

Sin dudas este parque es una de las grandes maravillas que tiene la Argentina y de las cuales uno no puede irse de este mundo sin dejar de conocer.

Les dejo un fuerte abrazo y hasta la próxima!!!!

Para ver las fotos completas de nuestro paso por El Glaciar entra acá

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